Me apetece venir a reflexionar un poquito. A dar la cara aunque sea… Y es que este final del 2021 me ha traído una autoreflexión muy grande. Me ha hecho tía, pero política. Y es raro para mí.

Yo nací siendo tita. Cuando respiré por primera vez ya era tía de dos sobrinos y al cabo de los años llegaron otros dos sobrinos más. Todas mis hermanas (3) han sido madre. Una de ellas, dos veces.

Entre la lejanía de la edad (crecer con sobrinos como si fueran primos) y la lejanía de la distancia (cuando nació el más pequeño me fui a vivir lejos), no he podido disfrutar de mi… ¿»tíedad»? Tengo 4 sobrinos de quienes no he sido tía de verdad. Una de esas sobrinas me ha hecho tía-abuela hace dos años. Así que no sólo soy tita, sino también tía-abuela de mi familia biológica.

Pero hace doce días nació mi primer sobrino político. Ya he pasado por la experiencia de mi propia maternidad, le tengo cerca y mis hijos podrán disfrutar de ese primo.

Es mi quinto sobrino (nada más y nada menos), pero siento como si fuera el primero. Me siento dolorida emocionalmente por ello, no os creáis. Es como si mis sobrinos biológicos no fueran mis sobrinos reales, cuando en realidad son más sobrinos míos que el recién nacido…

Menudo melón me estoy abriendo. Creo que el resto de la reflexión me lo voy a dejar para mí.