Doy por hecho que conocemos la diferencia entre ser y estar. También que podemos tener en cuenta que no es lo mismo la enfermedad de la Depresión que un estado depresivo puntual. A veces nos cuesta toda una vida identificar estos pequeños puntos de diferencia y es difícil calibrar en qué situación estamos de todo ello.

La felicidad, ¿es un sentimiento o una emoción? ¿Qué diferencia hay entre los conceptos de sentimiento y emoción? Creo que cada uno debe encontrar el significado con el que mejor se identifica y expresarse con ello, teniendo en cuenta que puede no tener la misma acepción para la persona con quien habla.

Las palabras importan, identifican los hechos. Sacan para afuera lo que tienes metido en tu mente. Y nos olvidamos de que lo que para mí es felicidad, no lo es para otra persona. Intentamos conectar con la felicidad de otra persona, ser a través de ello felices y unas veces nos sale bien, pero otras veces nos sale mal. Dependiendo de tu propio ser, de cómo eres, serás una persona que lo consigue o no.

Yo debo reconocer que me he empeñado en ser feliz de muchísimas maneras, casi todas de forma ajena. Siendo a través de los demás o emulando ser otra persona que no soy porque quiero sentir lo que siente esa otra persona. Y me he equivocado tanto que mi felicidad, a veces, es darme cuenta del error. Ser capaz de ver que me he equivocado y tener algo que corregir.

Y estoy harta de ello. Quiero ser feliz, intrínsecamente. Quiero aceptar quien soy y cómo soy.

He descubierto hace relativamente poco que soy brusca. Con todo el amor del mundo, pero no me van los rodeos. Estoy cansada de marearme en mi forma de expresarme para decir algo tan claro como “puedes hacerlo mejor”. Tengo personas así a mi lado y me hacen sentir bien cuando me dan en el clavo, aunque me duela. Pero lo cierto es que no me duele, me siento bien. Me ayudan a ahorrarme tiempo, me permiten ser desde el momento que me lo dicen. Las bofetadas emocionales de ciertas personas me han hecho feliz. ¿Por qué no me permito ser también bofeteadora emocional?

Comprendo perfectamente que haya personas que no les gusta. Pues adiós. No pasa nada, no me enfado, no me cabreo. Prefiero que te vayas de mi lado aunque me caigas bien, a dejar de ser yo. Si no entiendes que lo digo de todo corazón y con mucho amor, aunque sea bruscamente, quizás no sea yo una buena amiga para ti y deberás también aceptarlo. Rodéate de gente que te sume, no de gente que te hagan sentir mal. Y si te hago sentir mal, mejor me tienes lejos. Y no me lo tomo a mal.

Pensaba que así me iba a quedar sola. Pero no, he descubierto a gente que me respeta y me ama por ser como soy, brusca. Y que se sienten libres por poder ser bruscas también conmigo. Y eso me hace feliz.

Y ahora, a la cuestión a la que venía con este post. ¿Qué hago con mi blog? Poquito a poco (desde hace muchísimo tiempo) está dejando de tener relevancia para mí. La maternidad ya no me identifica. He aceptado que lo soy, he integrado que quiero mejorar, pero siento que ya no tengo nada que enseñar. He decidido que no quiero centrar mis energías en esta faceta de mi vida. Tengo curiosidad por otras cosas, por otros motivos y quiero cambiar mi faceta online. Tampoco quiero abandonar el blog, pero no quiero seguir escribiendo en él sobre maternidad.

¿Entonces qué, Zana mía de mi alma?

Me voy a dejar ser, para descubrir qué hará que sea feliz respecto a este blog. No quiero invertir más dinero en él, eso lo tengo claro. Se ha convertido en un gasto desde hace unos dos o tres años. Pero tampoco quiero que desaparezca. Ya veré…