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Mamifutura

Mis sentimientos y pensamientos como madre

mes

marzo 2021

Qué importa en tu hijo con AACC

Llevo 3 años mareada, desde que Mayor cumplió 3 años, entre el diagnóstico que no nos hacen y que deberían hacerle… ¿O quizás no deberían hacerle diagnóstico? ¿Qué es lo mejor para él?

Depende de a quién le preguntes, obtienes la respuesta que quieras. Yo no creo que mi hijo sea mejor y que por ello merezca más por tener AACC. Pero hay una gran diversidad de opiniones y experiencias que construyen un castillo de arena que a veces es palacio y otras veces se lo lleva el mar.

A estas alturas, con sus 6 años recién cumplidos, sí le conozco lo suficiente para saber cómo es. Hace 3 o 2 años era un mar de dudas porque era difícil hablar con él, era difícil interpretar sus gestos, era complicado conocerle. Parecía una cosa y era otra. Por ejemplo, apenas lloraba, era muy raro, no le dolía nunca nada… Cuando lloraba y tenía un poco de fiebre, como padres primerizos, le llevábamos al hospital… Y estaba tan mal que a veces se quedaba ingresado. No era fiable lo que él expresaba porque su sentido y necesidad por agradar a los demás y no preocupar era superior a sus propias fuerzas.

Ha terminado el trimestre, ahora las notas las dan de forma telemática, en nuestro caso por una aplicación. Como no recibimos aviso, o quizás porque recibimos avisos de tantas cosas que las ignoramos por necesidad, no nos dimos cuenta que teníamos ya la evaluación hasta que lo preguntaron en nuestro ámbito familiar. Así que fui a mirarlas para compartir con los que estaban interesados en saber y vino Mayor todo preocupado por ver sus notas y delante de todo el mundo le dije: “Las notas no importan, importa todo lo que aprendes en clase”, se relajó y se fue e ignoró todo lo que compartí al respecto.

Tiene carencias, pues sí. El que se crea que una alta capacidad tiene relación con un alto rendimiento ya puede ir saliendo del blog. Tampoco es mi intención que mi hijo, con 6 años, tenga un alto rendimiento. Si has entrado buscando un “cómo hacer que mi hijo rinda con sus AACC” te has equivocado de blog.

Como os comentaba al principio, no le hacen el diagnóstico. Quizás por covid, quizás por otras ocupaciones, quizás por otras urgencias, pero el momento de llamarnos la orientadora para citarnos con atención temprana no ha llegado. Y empiezo a dudar que llegue. Hasta han hecho una evaluación psicopedagógica a todos los alumnos y sigo esperando que me llamen. Pero ahora, que ya puedo hablar con mi hijo en una relación más cercana y más madura, puedo evaluar yo misma la necesidad del diagnóstico.

Realmente quería el diagnóstico para conocerle más. Saber cómo ayudarle y cómo hacerle feliz. Ahora que puedo hablar con él, esa necesidad no la tengo. No necesito un papel que me diga cómo es mi hijo si tengo a mi hijo para preguntarle y saberlo. Además, hay muchas cosas que él no sabe expresar y ahí estoy yo a su lado para saber qué interpretar. Y su padre también, que es muy implicado en el asunto. Así que no necesito un diagnóstico para conocer a mi hijo.

Mi hijo en el colegio es feliz. Tiene un compañero con el que se lleva como ya me hubiera gustado a mí tener un amigo así… Por lo que tengo muy claro que si pudiera yo elegir, iría con él hasta el final de su vida. La falta de desarrollo social se está subsanando. Y la otra pata que es la psicomotricidad, pues vamos a por ello, intentando no frustrarle que es algo bastante fácil, pero animándole a hacer ejercicios que ya debería tener superados desde el juego y el sano compañerismo.

Yo he decidido que mi prioridad máxima para mi hijo es su felicidad. Si ya tengo superado el conocerle mejor (que es lo que me esperaba que el diagnóstico me ayudara), ¿para qué necesito un diagnóstico?

Veo, desde mi experiencia personal y tras preguntar a muchos y diferentes profesionales del sector salud y educación, que la diversidad de opinión es muy grande. Y pocos son los que se preguntan la necesidad o el propósito del diagnóstico de un AACC. ¿Contribuye a la felicidad de mi hijo? Pues quizás hace un año sí, a día de hoy me resulta innecesario. Por lo que he decidido que no me voy a preocupar por tener un diagnóstico, me voy a preocupar por la felicidad de mi hijo que es lo más importante de un hijo con AACC o sin AACC.

Ser feliz

Doy por hecho que conocemos la diferencia entre ser y estar. También que podemos tener en cuenta que no es lo mismo la enfermedad de la Depresión que un estado depresivo puntual. A veces nos cuesta toda una vida identificar estos pequeños puntos de diferencia y es difícil calibrar en qué situación estamos de todo ello.

La felicidad, ¿es un sentimiento o una emoción? ¿Qué diferencia hay entre los conceptos de sentimiento y emoción? Creo que cada uno debe encontrar el significado con el que mejor se identifica y expresarse con ello, teniendo en cuenta que puede no tener la misma acepción para la persona con quien habla.

Las palabras importan, identifican los hechos. Sacan para afuera lo que tienes metido en tu mente. Y nos olvidamos de que lo que para mí es felicidad, no lo es para otra persona. Intentamos conectar con la felicidad de otra persona, ser a través de ello felices y unas veces nos sale bien, pero otras veces nos sale mal. Dependiendo de tu propio ser, de cómo eres, serás una persona que lo consigue o no.

Yo debo reconocer que me he empeñado en ser feliz de muchísimas maneras, casi todas de forma ajena. Siendo a través de los demás o emulando ser otra persona que no soy porque quiero sentir lo que siente esa otra persona. Y me he equivocado tanto que mi felicidad, a veces, es darme cuenta del error. Ser capaz de ver que me he equivocado y tener algo que corregir.

Y estoy harta de ello. Quiero ser feliz, intrínsecamente. Quiero aceptar quien soy y cómo soy.

He descubierto hace relativamente poco que soy brusca. Con todo el amor del mundo, pero no me van los rodeos. Estoy cansada de marearme en mi forma de expresarme para decir algo tan claro como “puedes hacerlo mejor”. Tengo personas así a mi lado y me hacen sentir bien cuando me dan en el clavo, aunque me duela. Pero lo cierto es que no me duele, me siento bien. Me ayudan a ahorrarme tiempo, me permiten ser desde el momento que me lo dicen. Las bofetadas emocionales de ciertas personas me han hecho feliz. ¿Por qué no me permito ser también bofeteadora emocional?

Comprendo perfectamente que haya personas que no les gusta. Pues adiós. No pasa nada, no me enfado, no me cabreo. Prefiero que te vayas de mi lado aunque me caigas bien, a dejar de ser yo. Si no entiendes que lo digo de todo corazón y con mucho amor, aunque sea bruscamente, quizás no sea yo una buena amiga para ti y deberás también aceptarlo. Rodéate de gente que te sume, no de gente que te hagan sentir mal. Y si te hago sentir mal, mejor me tienes lejos. Y no me lo tomo a mal.

Pensaba que así me iba a quedar sola. Pero no, he descubierto a gente que me respeta y me ama por ser como soy, brusca. Y que se sienten libres por poder ser bruscas también conmigo. Y eso me hace feliz.

Y ahora, a la cuestión a la que venía con este post. ¿Qué hago con mi blog? Poquito a poco (desde hace muchísimo tiempo) está dejando de tener relevancia para mí. La maternidad ya no me identifica. He aceptado que lo soy, he integrado que quiero mejorar, pero siento que ya no tengo nada que enseñar. He decidido que no quiero centrar mis energías en esta faceta de mi vida. Tengo curiosidad por otras cosas, por otros motivos y quiero cambiar mi faceta online. Tampoco quiero abandonar el blog, pero no quiero seguir escribiendo en él sobre maternidad.

¿Entonces qué, Zana mía de mi alma?

Me voy a dejar ser, para descubrir qué hará que sea feliz respecto a este blog. No quiero invertir más dinero en él, eso lo tengo claro. Se ha convertido en un gasto desde hace unos dos o tres años. Pero tampoco quiero que desaparezca. Ya veré…

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