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Mamifutura

Mis sentimientos y pensamientos como madre

mes

diciembre 2020

Ya no tengo bebés

He pasado por la bimaternidad como quien pasa corriendo un campo de espinas. Menuda intensidad, qué rapidez. Y puede interpretarse que lleno de sufrimiento, pero la verdad es que no. He tenido que navegar por emociones muy duras, las cuales me han paralizado a la hora de expresar mis sentimientos públicamente, pero reconozco que he disfrutado esa intensidad.

Y ahora me encuentro con que ya no tengo bebés, y en principio no voy a tener más. Se acabó la lactancia, entre otras cosas. Una lactancia muy bonita con un bebé precioso. Finalizó como empezó, con naturalidad. Me ha gustado, incluso su final. La anterior fue bastante más traumática al vernos obligados a terminarla por la posible pérdida gestacional que finalmente sí aconteció. Pero en esta ocasión las tomas fueron disminuyendo hasta que yo decidí que no iba a darle más y él se lo tomó con una aceptación que agradezco infinito. Dos años y un mes de lactancia magníficos.

Es cierto que no hemos empezado la operación pañal, y hasta que no termine esta fase tampoco puedo decir que no me queda nada de la etapa de bebés. Pero no quiero darle la importancia que le di con la inexperiencia, que se tornó en una fuente inagotable de sufrimiento común.

Lo que sí es cierto es que las noches inagotables de cansancio por despertares de bebés también empiezan a llegar a su fin. Alguna noche de enfermedad diversa y leve con levantamiento de madre hay. Pero como ya duerme en una cama de 2 metros, simplemente cambio de cama y de compañero, no desvelo mi descanso a un sillón. Me tira del pelo, me usa de almohada… En fin, esas cosillas.

En realidad lo que quería con este post es expresar las sensaciones que tengo cuando pienso que estoy viviendo las últimas etapas del último bebé. Y me siento maravillosamente bien. Me entra el pensamiento de “he vivido una gran etapa que por fin llega a su final”. Viviría mil veces ese camino de espinas, porque forma parte de mí, de quien soy ahora, de quien quiero ser en el futuro y no me arrepiento ni de medio segundo (algo siempre hay cuando sale de ti tu cansancio y no tu mejor versión), pero es cierto que siento paz pensando en la idea de que se está acabando.

Me siento feliz por haber vivido esta etapa y por vivir una nueva.

Mis Navidades 2020

Creo que este año he publicado muy poco, casi menos que nada. Alguna cosa en medio del confinamiento por pandemia, un intento de vuelta al blog frustrado, pero poco más. Un reto que he convertido en libro, un nuevo Kakebo y ya está. Estoy decidida a no abandonar este blog, pero no quiero que se quede así la cosa.

Además, hay cosas que también quiero transformar en mí.

Las Navidades siempre han sido una época feliz para mí, un momento de transformar la energía del año en esperanza. Una esperanza muy necesaria para afrontar el siguiente año con ilusión. Pero en el año 2017 la cosa fue distinta, porque la Navidad del 2017 iba a ser el momento de nacimiento de un bebé que no nació. Que marcó mi vida, que cambió mi visión del futuro, que hizo una mella más que enorme en mi ser. Introdujo el dolor más fuerte que podría esperar en mi vida.

Ya había vivido el dolor, de muchas maneras y muchas veces, pero ese dolor era indescriptible. Así que a partir de ahí, las Navidades eran oscuras. No podía haber esperanza cuando la esperanza más grande del nacimiento de un hijo no se cumple. Y con esa oscuridad, intentaba sobrevivir a los avatares de la vida.

Pero también es cierto que en la FPP de mi estrellita concebí a Bebito Fúturo… Menudo cruce de emociones. Ni os podéis hacer la más mínima idea del cacao mental que tenía en mis emociones.

Pues estas Navidades he decidido honrar a mi Estrellita y enterrar el dolor que siento por su pérdida. Quedarme con el aprendizaje que aporta a mi vida tenerle en el cielo brillando y permitirme quitarme el dolor y la pena. Siento como que entierro la pena y el dolor para convertirlo en el abono de mi camino del futuro y me nutra de la experiencia de su vivencia.

Y no sólo con la pérdida gestacional que sufrí. También con otras cosas de mi vida. No quiero permitirme esforzarme en algo que ha dejado de aportarme. Por ejemplo, el Kakebo. Es una herramienta que considero imprescindible y aún más en estos tiempos, pero he hecho todo lo posible por difundirla y siento que ya no me merece la pena. Aún así, la considero importante, así que dejo disponible en http://www.retokakebo.com el Kakebo Eterno totalmente mejorado tras años de experiencia, y a correr. He escrito un libro que salió de las entrañas para quien quiera mejorar sus emociones económicas y no dejar que el dinero le domine si no dominar el dinero. No me arrepiento en absoluto de lo hecho, pero no quiero hacer más.

Y entre las cosas que me he replanteado obviamente estaba este blog. Y no, no quiero abandonarlo. Pero tampoco puedo dejarlo estático para las eternidades. Así que retomo su función principal. Un blog personal donde reflejar mis sentimientos y mis pensamientos sobre mi maternidad. Un reflejo en el futuro para que mis hijos puedan leer cómo su madre ha experimentado su crecimiento (el propio y el de ellos).

Dejo de usarla como ventana al mundo para enseñar cosas que hago para aportar al mundo y lo convierto en la casa entera y completa que dejo a mis hijos como herencia de lo que ha sido, es y será su madre. También es cierto que usaré otras ventanas al mundo, ya veremos si van y vienen o se quedan. Pero ésta, ésta se va a quedar para ellos.

Y por supuesto que estáis invitados todos a seguirme y aportarme con vuestros comentarios experiencias que me llenen. Siempre serán bienvenidos y forman parte también del aprendizaje esencial de mi maternidad.

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