Ha llegado el día, pensaba que sería de otra manera… Supongo que una cosa es cómo lo queremos vivir, otra la cruda realidad y otra es cómo lo vivimos.

La cruda realidad es que el pasado domingo a las ocho de la tarde Bebé Fúturo recibió en el pelo una serie de tijeretazos propinados por su abuela que despejaron frente y orejas de tanto pelo molesto.

Yo lo viví con profunda emoción, no todos los días es el primer corte de pelo de tu primer hijo. Los demás ya veremos cómo son, pero éste es totalmente único y deseaba coger los mechones y guardarlos igual que mi madre guardó los míos. No me esperaba lo inquieto que iba a estar Bebé Fúturo al verse acorralado por todo el personal, lo único que le importaba era que no podía ver los dibujos del móvil en paz.

No tenía una idea prefijada de cómo quería vivirlo, pero supongo que con una demostración de ilusión más grande por parte de padre y abuelos, trataron el asunto como algo que hay que hacer, no como un momento único en la vida. La verdad es que en parte es así con todo, las emociones las viven para dentro, muy adentro. A veces ves resquicios de ilusión, pero tienes que fijarte mucho y estar pendiente, de lo contrario, se escapa…

Como muestra, me he quedado con una ingente cantidad de fotos que marcan la diferencia. Y estoy pensando en implantar la tradición de por cada corte de pelo, foto de carnet al canto.