Primer Encuentro: AQUÍ.

Pues la verdad es que con la cesárea tuve algo de miedo de empezar a portear. La verdad es que me encontraba muy bien, pero ya se sabe… Recomiendan calma con estas cosas dado que las consecuencias pueden ser imprevisibles y no muy favorables. Así que empezó a portear Papá Fúturo.

El primer día que sacábamos a Bebé Fúturo de paseo (al segundo día de llegar a casa) nos decantamos por probar “el invento”, así que Papá Fúturo se lo puso por casa para comprobar que lo hacíamos bien y fue un exitazo desde el principio. Se encontraban muy cómodos los dos, a Bebé Fúturo se le veía que se sentía protegido y Papá Fúturo se le veía entusiasmado, así que salimos con el invento por la calle.

Yo no hacía más que verle ventajas: no había escalones que molestaban, a la hora de cruzar no tenía que ir uno en avanzadilla para parar los coches en esquinas de poca visibilidad (siempre hemos odiado a los padres que sin mirar meten el cochecito en el paso de cebras dispuestos a que atropellen a sus hijos), tenías las manos libres, la gente no toca al bebé constantemente. Todo eran ventajas y no veía ningún inconveniente.

Luego llegó el día en el que me vi dispuesta a probarlo yo (dos días más tarde, no aguanté mucho más). Salimos para comprar el pan y estuve pletórica con el invento. Me sentía embarazada de nuevo. Sólo que también bastante preocupada porque Bebé Fúturo no hacía ningún amago por moverse, me pasaba cada cinco minutos comprobando su respiración… parecía inexistente. Aquello era como hacía apenas una semana, tenía que acostumbrarme a medir el espacio a mi alrededor para evitarle golpes a Bebé Fúturo, pero mi cuerpo estaba a tope.

A día de hoy, exactamente seis semanas después de que Bebé Fúturo llegara a la vida, porteo hasta para ir al servicio. Hay momentos en los que Bebé Fúturo (como cualquier otro recién nacido que pasa a ser bebé) empieza a reclamar de manera más espontánea y, sobre todo, llamativa a sus padres. Cuando has comprobado que no tiene hambre y el culito está sequito, sospechas que es un gas que todavía no ha expulsado o simple necesidad de afecto, en cualquiera de estos dos últimos casos el porteo obra milagros. Es poner a Bebé Fúturo en el fular y se obra toda la magia: se queda tranquilo y se duerme. Así que cuando estoy sola en casa y no hay hambre ni pañal sucio pero Bebé Fúturo requiere sus mimos, le planto dentro y me dedico a lo que necesito hacer.

Y ahora es cuando confieso que jamás pensé que usaría el porteo para ir al servicio.

Por cierto, el método que hemos elegido nosotros es con un fular elástico, regalo de Garbanzita a quien se lo agradezco de mil amores. Hay muchos más, pero esa información os las pueden dar asesoras del porteo, recomiendo a Portakanguritos entre otras (tiene un curso online gratuito para elegir el mejor portabebés que se adapta a ti).

Porteando

PD: AQUÍ os cuento más.