Érase una vez…

una chica jovencita que abrió su primer blog cuando estaba a punto de cumplir los 18 años. El mundo de internet se le abría por delante y los blogs personales estaban en auge. Uno en concreto, de una amiga, le inspiró para decidirse a abrir el suyo. No sabía cómo empezar y jamás se imaginó cómo iba a terminar… Porque unos años después toda su vida se puso patas arriba y descubrió con agria sorpresa que la persona que prometía que no lo leía, la espiaba en lo que decía. En ningún momento ella puso impedimento, pero la mentira de verse espiada en sus escritos le sobrecogió.

Todas las bases de su vida se tambalearon muy fuerte y con la caída, cerró el blog. Cerrando detrás de ella una etapa muy significativa en su vida que ya tiene casi olvidada.

Pero el mundo bloguero caló muy hondo dentro de ella… Abrió otros blogs, viéndose espiada, no quiso mezclar su personalidad en ellos y decidió investigar sobre muchos temas que le resultaron de infinito interés. Pero la verdad… ninguno perduró más allá del primer mes. Muchos fueron los blogs creados con tanto entusiasmo y cariño.

Al cabo del tiempo decidió volver a abrir la veda a sus sentimientos por internet, pero con cuidado. Todavía el resquicio de aquél espionaje sangraba la herida de vez en cuando. Y confirmó sus sospechas cuando el espía de entonces escribió felicitando por cosas que le ocurrían en su día a día. Aquello la convirtió en alguien que se desvivía por ocultar su vida en los escritos que hacía contándola. Pero se negó a vivir encerrada sin blog, lo tenía en las venas, el mundo del blog llenaba su vida.

Aunque la pareja no compartía esa ilusión, encontraron el equilibrio para no perjucidar a ninguno de los dos. Y, aunque el ritmo de las publicaciones se reducía, ella se negaba a cerrar la veda que tenía. A pesar de no recibir comentarios, a pesar de no verse apoyada… Dicen que un blog sin comentarios es un blog sin alma, ella se negaba. La falta de lectores no iba a acabar con su esencia blogueril.

Y llegó un 31 de enero… tal como hoy… y vio dentro de ella la mayor de las angustias que podía sentir. Ese instinto maternal que dio a luz cuando cumplía los 22 años reflotó con los 28 a un nivel insoportable y no podía aguantar más las ganas de compartir con el mundo el deseo de ser madre. No podía seguir achacando a la gente de su alrededor los deseos no cumplidos de no dejar ocurrir su mayor sueño, así que abrió esta nueva casa: Futura Mamá. Antes o después, de alguna manera, iba a ser madre…

Y un año después, sin saberlo, está a punto de ver su sueño cumplido. Y un año después, sin esperarlo, tiene un blog lleno de vida, lleno de gente, lleno de ganas y lleno de ilusión.

Me habría gustado daros las gracias a todas y a todos con un sorteo en condiciones, pero os podéis imaginar que estando en la última etapa de mi preñez me fallen las fuerzas para organizar nada que no sea la llegada de lo mejor de mi vida: Futuro Bebé. Una vez que vuelva la normalidad a mi vida, retomaré el proyecto de organizar un sorteo, os lo prometo, ¡¡¡porque os lo merecéis!!!