Como ya sabéis, ¡me queda un suspiro! Estoy en la recta final y estamos con las últimas pruebas, de las que estoy más perdida que un barco de arroz. Casi todo el embarazo me he ido encontrando con las cosas que iba a tener que hacer, pero ahora ya, con lo poquito que queda, es muy diferente en cada caso.

Así que para las que todavía no han pasado por este trago, como yo, os digo lo que me queda para que no estéis tan perdidas. Ojo, os lo cuento en cuestión de consulta privada, dado que en el público creo que se gestiona bastante diferente al depender más de la matrona.

1.- Anestesista: es una visita previa que hay que hacer para evaluar la compatibilidad que tenemos con la epidural. Tienen que ver los últimos análisis de sangre para considerar si la coagulación de la sangre es buena para recibirla.

2.- Monitorizaciones: esto puede que os suene, como me suena a mí… Pero no sabía lo que es. Se trata de controlar el latido del feto durante media hora, para conocer las contracciones o posibles problemas en la última fase del parto. Después realizan una ecografía de control y miran a ver cómo te encuentras tú y cómo se encuentra tu futuro bebé justo antes del parto. Se realizan en la semana 38 (cuando ya se considera que has llegado con la gestación a término), semana 39 y semana 40.

Por si no lo sabéis, si el futuro retoño no se ha dado la vuelta en la primera monitorización, programan la cesárea.

En este caso os voy a hablar de mi visita al anestesista.

Dado que estoy casi recién operada de la rodilla (apenas acaba de pasar un año), puedo comparar las diferencias. No son las mismas pruebas ni se le parecen. En una visita al anestesista preoperatoria normal, te hacen una analítica de sangre, una radiografía del tórax y un electrocardiograma en reposo y realizando ejercicio. Con todos esos datos, el anestesista tiene referencias.

En cambio en el embarazo, sólo solicitan la analítica. Como ya he comentado anteriormente, comprueban principalmente la coagulación y si hay alguna anormalidad en la analítica general.

Me ha tocado una doctora realmente muy maja. Por curiosidad he preguntado si es posible la sedación en una cesárea. Tengo entendido y desde luego que me parece lo menos recomendable del mundo, pero tenía mis dudas. Al no ser una anestesia propiamente dicha y hablando de una operación tan importante, tuve la curiosidad de preguntarlo. Nos comentó que sí es posible, normalmente el pediatra que acompaña el parto es el más afectado al respecto porque el Test de Apgar estaría falseado debido a que toda la medicación que yo recibo, la recibe también el bebé. Procuran apurar hasta el último minuto en caso de ser solicitado para que al bebé le llegue lo menos posible, pero el problema no es tanto para la madre, sino para el bebé.

No supone ningún problema real, no le va a pasar nada al bebé, sólo que va a nacer dormido… Con lo que eso implica. Estamos hablando que el bebé está sedado y las pruebas del Test de Apgar saldrían falseadas, cosa que el pediatra tendría que tener presente. Y, desde luego, no tendríamos el conocimiento real de cómo está el bebé hasta pasado un tiempo.

No tengo intención de solicitar ser sedada durante la cesárea.